Kafka, Deleuze y la escritura como resistencia
La máquina burocrática Guilles Deleuze (junto con Félix Guattari), en la introducción de Mil mesetas, señala que la obra de Kafka representa una máquina burocrática increíble. Aparentemente, si no habláramos en base a sobreentendidos, parecería que Deleuze lee en Kafka una actitud burguesa, cortesana, partidaria de las instituciones y los estamentos diplomáticos, y que, a su vez, el mismo Deleuze encontrara increíble la forma en que Kafka construye sistemas dogmáticos de control, dominación y expiación de la condición humana (si es que tal cosa existe). Sin embargo, evidentemente, todo se trata de una parodia. La máquina burocrática que Deleuze lee/ve en las obras de Kafka (sobre todo, me imagino, en novelas como El castillo, El proceso y En la colonia penitenciaria), son construcciones maquínicas que “señalan” la burocracia, que desde su interior y exterior (o más bien desde la indiferenciación de ambas) la perfilan desplazándola hasta el absurdo, hasta los límites de los sobreentendidos y los delirios. No podemos pensar a Kafka fuera de esta palabra solapada (irónica, paródica-seria, delirante), ni fuera de los componentes múltiples que construyen el rizoma que, según Deleuze, representa su obra. Por una estética de la resistencia Tal forma de entender la literatura parece señalar a su vez una conducta …
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