
Cuidado: que la conectividad no nos desconecte
Los celulares sirven para comunicarnos con quienes y cuando se nos antoje, pero sin querer pueden causar el efecto contrario. Según un estudio, dedicarle mucha atención a estos aparatos reduce la que ponemos sobre otras personas. Así que atentos para encontrar el justo equilibrio entre la sociabilidad virtual y real.
Por Daniela Zúñiga Ríos
Los teléfonos celulares se crearon para facilitar la conexión entre las personas y vaya cómo ayudan. Es casi impensable vivir en pleno siglo XXI sin uno de estos aparatos que además por estos tiempos han multiplicado sus funciones, pues ya no sirven sólo para hablar. Con la democratización de los smartphones, son cada vez más los usuarios que tienen entre sus manos un computador en miniatura, donde pueden acceder con un click a su correo electrónico, navegadores y sus perfiles en redes sociales. En resumidas cuentas, en nuestro celular tenemos todo, pero debemos tener cuidado con cómo nos absorbe la tecnología y no olvidar la convivencia real, face to face.
Un estudio realizado por especialistas de la Escuel de Negocios Robert H. Smith en la Universidad de Maryland, Estados Unidos, comprueba que los celulares pueden reducir nuestras conductas prosociales, que los investigadores definen como el comportamiento destinado a beneficiar a otras personas o a la sociedad como un todo, que engloba acciones como ayudar, compartir, donar, cooperar u ofrecerse como voluntario, y que son motivadas por la preocupación del bienestar de otros. Para llegar a esta conclusión se realizaron una serie de experimentos aplicados a usuarios de teléfonos móviles para ver su efecto en el comportamiento social de los observados. Las investigadoras constataron que, tras un breve periodo de tiempo de uso de estos dispositivos, los participantes se mostraron menos dispuestos que otros participantes a ofrecerse como voluntarios para un servicio a la comunidad cuando éste les fue planteado. Además, los voluntarios que usaron los teléfonos fueron también menos perseverantes a la hora de resolver una serie de problemas presentados por las investigadoras.
Las autoras del estudio advierten que esto podría tener repercusiones sociales, debido al amplio uso de estos aparatos. Afirman que el celular provoca el sentimiento de estar conectados con otros y, por tanto, satisface la necesidad de pertenencia y reduce el deseo de conectarse con otros individuos.
Se estima que hoy en día el 84% de la población mundial tiene un celular. Por ejemplo, en Chile existen más teléfonos que habitantes. Y los usuarios ya no se conforman con realizar llamadas o recibir mensajes. Según cifras arrojadas por la empresa Pew Internet, cerca de la mitad de los usuarios recibe información a través de sus smartphones.
De todos modos, pese a la popularidad en aumento de estos teléfonos celulares, aún no logran superar al contacto personal, que todavía sigue siendo el método de comunicación preferido en el mundo. Lo importante es ser conciente de que estamos rodeados de personas, no de aparatos, para no dejarnos absorber por nuestros celulares y que por tratar de estar conectados terminemos por aislarnos.








