El Padre y el Sensei

El padre y el Sensei

October 19, 2011 / by / 0 Comment

 

Tanto aquellos que las ofician de estadísticos como cualquier pelotero medianamente insano de este país podrá notar rápidamente que transcurridas la primeras 2 fechas de las “Clasificatorias” (escúchanos señor te rogamos) no existen mayores diferencias respecto al proceso anterior, que encabezado por Marcelo Bielsa terminó por darnos los pasajes a Sudáfrica 2010 en el segundo lugar del continente. En efecto, más allá de la diferencia de gol (“-1″ hoy versus “0″ a estas alturas en el proceso anterior), se perdió y se ganó ante los mismos rivales y por tanto, se sumó idéntica cantidad de puntos. Es más, un análisis estricto muestra que las probabilidades de Chile hoy son mayores a las del comienzo del proceso anterior, puesto que al ser organizador Brasil se disputan la misma cantidad de cupos entre menos equipos.

No obstante, sería incurrir en un garrafal error realizar idéntico balance respecto de estos dos inicios de campaña, pues implicaría atender únicamente a los resultados, despreciando todo proceso o medio empleado para la obtención del mismo, pecado recurrente en nuestras tierras y con el cual cargan desde Sergio Jadue (“Bielsa no ganó nada”), hasta el Gobierno de Chile (“no importa si existe lucro o no, lo que interesa es lograr educación de calidad”).

                           

Sí. Existen diferencias entre ambos comienzos y éstas son brutales, y me atrevo a aventurar desde ya que la raíz de ellas se encuentra en la forma en que uno y otro adiestrador piensan el fútbol. Alguno podrá rápidamente replicarme, y con acierto, que tanto Borghi como Bielsa son emblemáticos representantes de un estilo de juego ofensivo, el cual desarrollan con prescindencia de la potencia del rival de turno o de la cancha donde corresponda desplegarlo; sin embargo, ello sería analizar la cuestión sólo desde el prisma de aquel primer gran criterio clasificador de esquemas, tácticas o estrategias futbolísticas que distingue entre las que privilegian el aspecto defensivo por sobre el ofensivo y aquellas que hacen justamente lo contrario y, por tanto, dicho análisis resultaría insuficiente.

¿Por qué? La respuesta la dio el propio “Loco” en entrevista concedida en 1998 al diario El Clarín: “Si tuviera que elegir, diría que me siento más cómodo con el orden que con la espontaneidad. Hay entrenadores que propician un clima creativo dentro del equipo. No es que yo no valore eso, pero hay situaciones que son antagónicas y un técnico no puede estimular simultáneamente las dos cosas”. Ante el requerimiento periodístico del porqué de la imposibilidad de combinar ambas cuestiones, el rosarino responde “Porque el orden tiene reglas y la espontaneidad tiende a la ausencia de reglas. Teóricamente no habría obstáculos para que convivan, pero en la práctica los mensajes que propician una cosa se contraponen con los otros. Entonces es difícil ser ordenado y espontáneo a la vez. Esa es, para mí, la gran clasificación de los entrenadores: los que privilegian la resolución del juego a través de las respuestas individuales o los que acentúan en la preconcepción de esas respuestas. Creo en eso más que en la división entre defensivos y ofensivos (…)

                             

Al contrario de Bielsa, Borghi es de aquellos que prefieren, para bien o para mal, la improvisación por sobre el estricto orden y las pruebas de ello saltan a la vista a cada segundo de cada partido que disputa nuestra selección. Para eso, analicemos ambas facetas del juego, pero en serio.

En el aspecto ofensivo, en estas dos fechas el técnico de la Roja mostró clara preferencia por Jorge Valdivia por sobre la opción de Matías Fernández. Ambos aportan cosas distintas en el campo. Mientras respecto del primero esperamos siempre un arrebato de genial rebeldía que rompa con todos los esquemas, tanto los de los rivales como aquellos de la lógica, del otro hemos aprendido a valorar su capacidad de sacrificio táctico al servicio del equipo, realizando labores que no son propias de su juego. No es para nada casual que Claudio Borghi haya optado por el “Mago” del Palmeiras, sino que más bien dicha decisión revela parte de sus concepciones futbolísticas.

          

Por las bandas la selección tuvo 2 partidos radicalmente distintos. Mientras frente a Argentina nunca se explotó las enormes limitaciones de Zabaleta y Rojo – inexplicable considerando que el primero mostró durante la Copa América tremendas falencias a la hora de resolver los pelotazos cruzados enviados a sus espaldas y de cerrar hacia el centro cuando fallaron los zagueros de turno y que el otro carece de experiencia en partidos de este nivel – contra los peruanos tanto Isla como Beausejour hicieron permanentemente daño. Pero atención, que la profundidad que lograron ambos se debió más a la claridad de Valdivia a la hora de meter pases entre líneas y al aporte del siempre incisivo Eduardo Vargas que al resultado de movimientos tácticos preconcebidos. No vimos esa entrada de Beausejour cortando sin balón hacia el punto penal mientras “Chupete” se ubica en el segundo palo, las arremetidas de Vidal como un segundo centrodelantero esperando el envío de Isla ni a Medel desdoblado como un eventual wing derecho, todas cuestiones a las que nos habíamos acostumbrado durante el proceso anterior.

En el aspecto defensivo la cuestión es más preocupante, pues Chile mostró una carencia de orden, olvido de conceptos básicos y errores fatales en los desplazamientos. Isla en ninguno de los dos partidos cerró como corresponde la zaga cuando Chile fue atacado por el lado contrario al que el marca (véase en los ambos cotejos detenidamente cuantas entradas por la izquierda terminaron con un rival solo en el segundo palo, es decir, donde debía cerrar el hombre del Udinese), mientras que Beausejour, que en el proceso anterior – al igual que el “Huaso” – las ofició de eventual volante de contención si la situación lo requería, nunca cerró filas en el medio en apoyo de Carmona frente a Argentina, y lo hizo muy poco respecto de Medel y Vidal contra Perú. Por su parte, Medel tardó más o menos media hora en hacer la cobertura del propio Isla en la banda derecha contra los del Rímac, mientras que Ponce, Carmona y Vidal mostraron severas deficiencias a la hora de retroceder sin balón en el duelo contra los trasandinos, quienes increíblemente – al menos desde un punto de vista histórico –, nos encajaron la mayor parte de los goles por la vía del contragolpe.

Ahora bien, tal como dije al comienzo la base de la disparidad de esta selección con la que finalmente clasificó al pasado Mundial está precisamente en las ideologías futbolísticas – el uso de la palabra “ideología” no es casual ni arbitrario – de quienes están en la banca, idea que se refuerza al constatar que los jugadores nominados hasta el momento son prácticamente los mismos en uno y otro proceso.

              

Mientras a Bielsa lo vi siempre como un reflexivo, metódico, adusto y riguroso sensei japonés, Borghi se me figura más como un padre bonachón y condescendiente, divertido a la hora de la cena y propenso a darles mayores libertades a sus adorados hijos. Ambos estilos son respetables, y eventualmente pueden conducir al éxito, sin embargo al jugador chileno, en general carente de orden táctico y con un talento que no alcanza como para prescindir en buena parte de dicho orden, parece venirle mejor las recias formas de Bielsa y su reiterativo – y hasta hostigoso – trabajo de movimientos con y sin balón dentro del terreno de juego, que las libertades que les otorga Claudio Borghi.

Falta mucho trecho por recorrer aún, y por tanto el “Bichi” tiene sobradas oportunidades para corregir errores, buscar matices y afinar fórmulas que permitan conseguir no sólo el objetivo de clasificar a la siguiente Copa del Mundo, sino que hacerlo jugando bien, pues después de lo que ya sabemos que es capaz esta Selección, estamos en condiciones de exigirlo. A Bielsa el tiempo le dio la razón, esperemos que con Borghi ocurra lo mismo.

Por Luis Henríquez Ferrari

para Diarioelmuro


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