cata

Llamarse Catalina

June 01, 2012 / by / 0 Comment

Ayer por la tarde estaba en la organización donde trabajo como Psicóloga voluntaria en Barcelona. Yo estaba en el hall y allí había una niña pequeña sola esperando a su mamá.

Me puse a jugar con ella a dibujar estrellas y le pregunté “¿Cómo te llamas?”. “Melanie, ¿y tú?”. “Catalina” le respondí. Su cara se transformó por completo y me dijo “¡Pero qué nombre más raro!”. O sea, “Melanie” me dice que “Catalina” es un nombre raro… ¡Bienvenidos a la Dimensión Desconocida!

No sé cómo será para las otras personas, pero yo he tenido una historia de drama, romance y comedia con mi nombre. Una historia que nunca deja de sorprenderme.

Cuando era pequeña (unos 10 años) odiaba mi nombre. De hecho le pedí a mis compañeros de clase que me dijeran “Ale” (por mi segundo nombre)… algo que nunca resultó. Lo odiaba tanto, que temía las situaciones de presentaciones en donde se pregunta el nombre (Ahora me pasa eso en las situaciones en donde se pregunta la edad… cosas de la vida!).

Luego ya en la adolescencia me acostumbré, e incluso comenzó a gustarme un poco… y es que comparando mi nombre con las “Jennifers” o las “Marías Teófilas” (Como mi santa abuela, que dios la tenga en su santa gloria), no podía quejarme!

Cada día me gustaba más y más, y hasta logré reírme de los años en que, como un joven transexual, lo único que quería era cumplir 18 años para poder cambiarme legalmente el nombre.

Pero el romance entre mi nombre y yo no duró demasiado. El nombre “Catalina” se volvió popular… ¡demasiado popular! Tanto así, que los publicistas y guionistas de TV comenzaron a utilizarlo frecuentemente… el problema era que siempre las “Catas” respondían a un par de características en común: siempre eran cuicas y con un tono de voz tan agudo que era casi intolerable para el oído humano. Cómo olvidar a la famosa “Cata” de “Cabra chica gritona”. Y yo no respondo al prototipo de “cuica”, pero debo admitir que mi voz sí que calza con el perfil de las “Catas”. Incluso, viajando a Buenos Aires una vez, unos chicos en un bus comenzaron a gritar “¡Callen a la “caña hueca”!”. Mi novio de ese tiempo sólo atinó a hundirse en el asiento…

Bueno. Como entre mi nombre y yo existe un amor verdadero, este episodio no logró derrumbar lo que habíamos construido. ¡Nuestra relación siguió viento en popa!

El último capítulo de esta historia de amor la escribo en Europa. Mi nombre es considerado “Extraño” y “Poco común”, “Exótico”… Surgen sobrenombres diversos a partir del prefijo “Cata”: Catarata, Catalufa (expresión despectiva para llamar a los catalanes).

En Francia hace un tiempo, una chica me preguntó cuál era mi nombre. “Cata”, le dije. “Pero eso suena como a ‘catamarán’”, me dijo. “Sí, ese es mi nombre: Catamarán”. La chica me miró y me dijo “¿Sabes que un “catamarán” es un bote, no?”. No pude aguantar más la risa.

Me alegra que ya a mis 30 años haya logrado querer mi nombre y poder dedicar mis energías hacia objetivos más importantes como la paz mundial. Pero me sigo preguntando si a todos les pasará igual, si sus nombres tendrán una historia que contar, y si esas historias tendrán un final de telenovela mexicana con música de Silvio Rodríguez, como la mía.

Cata Núñez


facebook comments:

Leave a Comment